La actual crisis institucional tiene poco de institucional. En realidad es fiscal. Sencillamente, los recursos con los que cuenta el estado no alcanzan para solventar los gastos, por lo que debe obtenerlos “creativamente”.
Claramente, el régimen kirchnerista ha seguido el patrón fiscal de los anteriores, y ha hecho su aporte en la construcción de un sistema estato-céntrico. Las miradas se posan en lo que hace el estado y lo privado, lo individual, pasa a ser complemento sacrificable.
Este tipo de sistemas tiene una cualidad: genera burbujas de crecimiento, espejismos de bonanza. Al principio se establece una dirección clara, dando un soporte para la expansión de corto plazo y estableciendo un dique que impide que el río inunde los campos fértiles. Pero el dique tiene grietas. Primero una pequeña, que resulta fácilmente emparchada (como se lo hizo con la suba en las retenciones). Pero poco a poco aparecen más rajaduras que, tarde o temprano, exigen un arreglo mayor (como la estatización de las AFJP). Pero aún esta gran reparación sólo tiene un efecto temporal, necesitándose de enmiendas adicionales, cada vez mayores y de mayor complejidad.
Hoy vivimos uno de esos momentos clave en los cuales se decide cómo se repara un dique cuyas filtraciones son cada vez más evidentes. El gobierno propone el uso de reservas del Banco Central, y parece dispuesto a usar este método como única alternativa viable (y tolerable para sí mismo).
La “oposición” intenta evitar la reparación, también a toda costa. Sin embargo, estos opositores callan a la hora de dar alternativas, sea porque no se atreven a dar opciones que sienten “impopulares” o porque sencillamente no tienen la menor idea (me inclino por un mix).
¿Cuáles son las opciones de reparación coyuntural? Bastante simple: subir ingresos o bajar gastos del estado.
Dado que una baja directa del gasto público (mi apuesta personal) resultaría poco viable en las actuales condiciones, esto sólo podría canalizarse a través de una devaluación. Pero no parece ser una buena medida… considerando la historia argentina reciente (salvo que se busque una crisis social que empalidecería a la del 2001).
Por su parte, los ingresos pueden subirse seccionándole recursos adicionales al sector privado o haciendo líquidos recursos (o activos) “fijos”. Como la opción privatizadora ya ha sido utilizada y, al mismo tiempo, no parece haber lugar para subas de impuestos adicionales, las alternativas se reducen. Queda, por ejemplo, la posibilidad de expropiar parcial o totalmente empresas que generen una buena cantidad de recursos corrientes “dolarizados” (como por ejemplo las firmas petroleras o agro-exportadoras).
Ante este menú, el uso de reservas, en forma moderada, no parece una medida tan mala. En realidad es terrible, pero menos terrible que las opciones existentes, por lo menos para mi gusto.
¿Cuál será la alternativa de la “oposición”? La del gobierno la conocemos, y sabemos que su propuesta es la muestra más evidente de su fracaso, de la insostenibilidad del sistema que construyó. Pero la oposición se limita a decir “¡Eso no!” sin emitir opinión sobre lo que habría que hacer.
El problema es que el dique está a punto de romperse y hay que tomar una decisión urgente. Quizás, pensando en el largo plazo, lo mejor es dejar que dique colapse, pero, ¿estamos preparados para vivir en campos anegados y reconstruir otro dique con fundamentos diferentes a los de las últimas décadas? Lamentablemente, la historia nos muestra que en general terminamos construyendo el mismo fracaso, una y otra vez.












