Uno de los conceptos claves en los que se basa el pensamiento marxiano es el del “ejército
industrial de reserva”. Se trata del conjunto de individuos que se encuentran desempleados y, por lo tanto, excedente con respecto a las necesidades de la acumulación del capital.
En términos simples, la existencia de este segmento de la población sería la garantía para el control del mercado de trabajo (y de la sociedad entera) por parte de los capitalistas, que a la hora de las “negociaciones” entre clases podrían amenazar con acudir a ese grupo de desempleados, relegando a los actualmente activos.
Pero Marx se equivocó con este análisis. O por lo menos yo creo que se equivó.
Lo que realmente existe es un “ejercito industrial de pobreza”, es decir, un grupo de individuos que viven por debajo del nivel de subsistencia, no para garantizar el desarrollo de la explotación de los proletarios por parte de los capitalista (es decir, una jerarquía económica), sino para justificar la existencia de jerarquías políticas institucionalizadas.
La existencia de pobreza, es decir, de personas que sufren alguna privación, es el justificativo ideal para quienes creen que debe existir un grupo de personas que gestione las relaciones sociales. Teóricamente, esta gestión debería tender a actuar como contra-función para una disfunción social que deja ganadores y perdedores. Con el objetivo explícito (y engañoso) de ir hacia una mayor igualación en términos económicos, se erige una cada vez mayor desigualdad en términos políticos.
El estado, es decir, la idea de que un poder institucionalizado con mayor o menor apoyo popular debe estar presente para mantener el orden en todos los aspectos de la vida, sólo encuentra un punto de apoyo para su legitimidad en la existencia de injusticias sociales. El estado, en teoría, se erige como el gran nivelador, el mecanismo de erosión de las diferencias sociales que surgirían a partir de la libre interacción de los individuos. Si el estado no cumple esa función, sencillamente deja de tener sentido social.
La gran contradicción del estado es que surge con la excusa de nivelar pero, al mismo tiempo, la continuidad de su existencia depende de que las desigualdades no desaparezcan. Una sociedad igualitaria no puede tener un estado, porque el estado es concentración de poder. Y si hay concentración de poder (por mínima que sea), no hay igualdad.
El estado, el estado-nación moderno, necesita de la existencia de pobres y de marginados a los cuales asistir. Sin este grupo de desplazados la supervivencia del estado deja de tener justificación positiva en términos sociales.
Este segmento social, de la misma forma que el “ejército industrial de reserva” de Marx, es la garantía de control social por parte de los segmentos beneficiados por la existencia estatal (e incluyo aquí a integrantes de variadas clases sociales, como políticos, empresarios, profesionales colegiados, obreros sindicalizados y un largo etcétera que aburriría detallar).
¿Hasta que punto quienes viven amparados por la existencia del estado, quienes usan el poder del estado para satisfacer sus propias necesidades materiales, ideológicas o psicológicas, estarán dispuestos a generar las condiciones para la eliminación del estado?
Esta es, desde mi punto de vista, la gran contradicción del estado: que la consumación de su teoría implica la destrucción de su práctica. Y esto último es algo que los beneficiarios del estado difícilmente consientan con facilidad.
hola! con tu permiso quiero subrayar dos cositas, la primera es sobre lo que interpretás erroneo en el concepto de marx..me parece en ùltima instancia que no es necesario, que es redundante el cambio de reserva a pobreza, màs que nada porque reserva funciona como una imagen de marginaciòn, y tampoco serìa la cuestiòn de ponerse con la semàntica, lo que sì me parece màs importante, y es justamente la 2da cosa, que lo que decìs; “¿Hasta que punto quienes viven amparados por la existencia del estado, quienes usan el poder del estado para satisfacer sus propias necesidades materiales, ideológicas o psicológicas, estarán dispuestos a generar las condiciones para la eliminación del estado?”…es bastante confuso, digo, porque en realidad quienes usan el poder del Estado, básicamente no tendrìan necesidad de generar las condiciones para su eliminaciòn, si justamente, necesitan de él
saludos!
marzeu, justamente a eso iba mi argumento: a que desde la mentalidad estatal (es decir, de los que se benefician del estado), lo último que se quiere es que el estado desaparezca. Por eso necesitan de la existencia un segmento de población marginada.
Saludos!
Martín, vos sos economista, no?
Pregunto, el pasaje de un modelo de acumulación productivo a otro especulativo-financiero, no tiene nada que ver con que hoy, para el mercado de trabajo, directamente sobra gente?
Hace el esfuerzo de olvidarte por 1 minuto del Estado, dale?
Laura, ¿y que estoy diciendo? Sobra gente porque la lógica del estado-nación necesita eso.
Intento olvidarme del estado… pero él no se olvida de mi.
Igual, como digo siempre, yo no soy anti-estado, sino voluntarista. No tengo problema que exista un estado si es voluntario. Es tan fácil el concepto!
Saludos!
Martín, Laura tiene razón… tratá de pensar el mundo un rato sin poner al Estado como el origen de todos los males.
El Estado existe; el Estado supone concentración de poder; el Estado reproduce la relación social capitalista; el Estado para el liberalismo económico sólo debe garantizar la propiedad privada; para los nacionalistas más o menos populistas (y ahora también para la izquierda no revolucionaria) el Estado también debe garantizar soberanía política, independencia económica y derechos sociales; el Estado necesita mantener el orden para sostener el sistema de mercado; el capital financiero, como dice Laura, orientado a la especulación financiera y no a la producción necesita del Estado para sostener la desigualdad y contener a los excluidos del sistema…
¿Estás tan seguro que es el Estado el origen de todos los males? ¿No podría decirse que el Estado existe como medio para, y no como fin en sí mismo? ¿Y si es medio, el problema no sería entonces el Estado en sí, sino el conflicto entre grupos sociales que se valen de esa institución como instrumento?
¿Si a un ladrón le sacás el arma, significa eso que va a dejar de robar y se va a hacer bueno (según lo que vos entendés que sería ser bueno, en este caso hipotético)?
Sin embargo, como dije antes, el Estado existe, y los hombres tienen voluntad de aumentar su poder (material y simbólico) y de desigualarse. ¿Entonces? ¿Qué hacemos?
Tratá, en serio, de complejizar un poco tu pensamiento. El Estado no es el centro del mundo, ni es el diablo encarnado… es sólo una forma de organización social. Y es forma existente… buena, mala, pero existente…
¿Entonces? ¿Cerramos los ojos y nos repetimos: el Estado no debería existir… el Estado no debería existir… el Estado no debería existir…?
¿Y qué hacemos con el capital? ¿Y qué hacemos con las religiones? ¿Y qué hacemos con las naciones? ¿Y qué hacemos con los individuos que quieren dominar? ¿Y qué hacemos con los grupos que quieren imponer su visión del mundo (como vos la tuya)? ¿Y qué hacemos con los imperios existentes? ¿Y qué hacemos con los conflictos entre individuos, grupos sociales o de interés, clases, y entre naciones? ¿Y qué hacemos con los que no quieren ser dominados?
Saludos.
Aclaro: yo no creo que el estado sea la causa de todos los males, sino que la coerción y el uso de la fuerza lo es. En ese sentido, creo en el estado como asociación voluntaria (aunque no sería estado… o no como el que conocemos).
Igualmente, lo que me llama la atención es que quienes critican mi comportamiento claramente obsesivo, no vean su propia obsesión. Yo hablo de estado (como sinónimo de imposición “colectiva”), otros de “capitalismo”/”mercado libre”/”egoismo” (como sinónimos de voluntad individual).
Simplemente toco el tema que pocos abordan. Pero la locura de ambos lados es la misma, jeje.
Saludos!
Martín, si querés inventar un nuevo significado para las palabras (neologismo)no hay problema. El punto es que, si querés darle un nuevo significado a un concepto y usarlo, primero tenés que desarrollar con muchísima especificidad el nuevo contenido de la vieja palabra; en su defecto, todos vamos a leer lo que es comúnmente aceptado (y aún así ya hay diferencias sustanciales ya existentes para mismos conceptos).
Todo ordenamiento involucra coerción. Y eso que vos llamás “asociación voluntaria”, ni siquiera es dominación, es ya opresión. La explicación de esto te la doy cuando disponga de más tiempo en tu nuevo post, el cual logró indignarme… (y sabés que tengo paciencia para el debate)
Vuelvo a preguntarte:
Partiendo de la base que el Estado no es posible comprenderlo sin el surgimiento del capitalismo (ya eso deberías tenerlo en claro: no hay economía de mercado sin Estado, y el Estado es un concepto que no existe en el aire, susceptible de ser leído con prescindencia de otros conceptos que lo contienen [como sí sucede con la idea de Dios, por ejemplo]):
El Estado existe (en tanto conjunto de instituciones con legitimidad social para tomar una serie de medidas que imponen obligatoriedad); el Estado supone concentración de poder.
¿Entonces? ¿Cerramos los ojos y nos repetimos: el Estado no debería existir… el Estado no debería existir… el Estado no debería existir…?
¿Y qué hacemos con el capital? ¿Y qué hacemos con las religiones? ¿Y qué hacemos con las naciones? ¿Y qué hacemos con los individuos o grupos o etnias, o civilizaciones que quieren dominar? ¿Y qué hacemos con los que no quieren ser dominadas? ¿Y qué hacemos con los grupos antagónicos que quieren imponer su visión del mundo (como vos la tuya)? ¿Y qué hacemos con los imperios existentes? ¿Y qué hacemos con los conflictos entre individuos, grupos sociales o de interés, de clases, y entre naciones?
Saludos.
perez, que exista no significa que no se pueda cambiar. Ni idea que hacemos con todas las cosas que mencionás, pero lo que si sé es que el estado (tal cual lo conocemos) no dio ninguna solución a esos problemas. Y de hecho muchas veces los potenció.
Justamente, Martín, mi pregunta no apunta a que no se pueda/deba cambiar, sino que hay que pensar en base a lo existente.
Está claro que no estoy para nada de acuerdo con tu postura, pero eso es lo de menos… lo que no es de menos es la necesidad de considerar cualquier cambio desde las relaciones sociales, políticas, económicas, etc., dadas, y considerando los diferentes intereses (muchos de ellos antagónicos), culturas, historias, creencias, etc.
Seguí creyendo lo que quieras o lo que te parezca mejor, pero tus análisis no aportan mucho para pensar el mundo real… al final de cuentas, terminan siendo pura ficción, por no meterte con las bases reales de sociedades concretas.
Vuelvo con la misma pregunta (no para que la respondas, sino para que intentes considerar cómo se hace el pasaje de lo existente a lo que proponés):
Según tu análisis, ¿entonces qué?
No pregunto por un “deber ser”… ¿pregunto cómo se pasa de lo existente a lo deseado, según tu ideología?
Saludos.
Los dinosaurios del mas tenebroso pasado que sufrio nuestro pais quieren volver. De la manera cobarde que siempre los caracterizo, amenazando e insultando a una mujer valiente que ni piensa en aflojar. Los mismos cagones que se rindieron en Malvinas y se arrodillaron con los ingleses, pero que sí eran buenos para secuestrar, torturar, sustraer identidad de bebes, arrojar prisioneros vivos al mar… Como el cobarde de Astiz, a quien todos ustedes (de tan liberales que son) reivindican, y que asesino dos pobres monjitas, y antes mando al muere a los pibes de la guerra y se rindio sin tirar un solo tiro… a ese miserable reivindican ustedes. Como a Evita, ahora llaman yegua a la Presidenta… Nuestra presidenta Cristina es la yegua madrina, la mas buena e inteligente, nos guia a toda la tropilla de caballos chucaros y salvajes de todos los pelos imaginables: tobianos, bayos, ruanos, manchados, sainos, alazanes, oscuros, doradillos, rosillos, colorados, tostados, tobianos, malacaras, blancos.
Al sonar del cencerro todos encolumnados la seguiremos por las pampas argentinas y les pisotearemos ese yuyo maldito de la soja para recuperar los cinco millones de redes vacunas para que paren terneros y alimentar nuestro pueblo, y tambien recuperar los seis mil campos tamberos para darles la leche a millones de ninos pobres para recuperar una generacion de pueblo fuerte y con mucha materia gris como lo queria nuestra companera evita
viva la presidente cristina y a tocar todas las campanas y cencerros, que la patria esta en peligro. viva peron viva evita.
Hola. Me reincorporo con mucho gusto, aunque sea como “mosca cojonera”, a este espacio de debate.
Diré, para abrir boca, que estoy totalmente de acuerdo con la siguiente frase: “La gran contradicción del estado es que surge con la excusa de nivelar pero, al mismo tiempo, la continuidad de su existencia depende de que las desigualdades no desaparezcan.”
Al decir que la suscribo no le concedo al Estado una volundad propia, del mismo modo que se la niego al “pueblo”, ese ente abstracto. Hago mía la frase remitiéndome a los hechos objetivos que la Historia nos proporciona, reconociendo, a la vez, que algunos Estados modernos (sobre todo los nórdicos) han resultado enormemente beneficiosos en ciertas iniciativas sociales.
¿Qué sucede entonces? Pienso que, en cuanto se instaura una estructura de poder, la tendencia lógica, por su propia naturaleza, es su pervivencia, y como tal, la pervivencia de aquellas circunstancias que motivaron su aparición y existencia.
En cuanto a la relación necesidad-servicio al Estado, os pongo como ejemplo más notorio (actualmente) el hecho de que una (cada vez más) abrumadora mayoría de los nuevos reclutas del ejército profesional español (monarquía de Hispanistán) son de origen ecuatoriano, colombiano, etc. En otras palabras: ante la falta de expectativas vitales de ciertos sectores sociales, se propone el ejército como tabla de salvación (recuerde, quien haya visto ‘Fahrenheit 451′, cómo iban los marines reclutando voluntarios por los barrios más desfavorecidos de Flint).
Las políticas fiscales de los Estados llevan décadas amenazando el mismo “estado de bienestar” que previamente instauraron (tras la II G. M.), dando origen, así, a una necesidad de socorro, es decir, dando pie a que la autoridad de turno (estatal) se arrogue el papel de Padre Salvador. Esto, que entiendo compete a la propia lógica del ejercicio de gobierno en cuanto a estrategia se refiere, cobra, sin embargo, visos verdaderamente siniestros cuando hablamos de un contexto pre-bélico (”misión humanitaria” en la actual jerga de los genocidas oficiales y oficiosos).
Acabo ya, por ahora, lanzando una pregunta: ¿estos incovenientes derivados de la política del Estado, son innatos a él, esto es, una cualidad… inherente; o, por el contrario, son fruto de una mala administración del Estado? En todo caso (y me posiciono), dicha (e hipotética) mala administración, dada lo reiterado de los hechos (además en casi todo contexto), ¿no es precisamente consecuencia de la propia naturaleza del Estado (al menos, tal y como hoy se postula), ya que dispone esa posibilidad?
Saludos acráticos
‘Fahrenheit 9/11′, quería decir (no la de Truffaut).