Argentina: sociedad que no quiere pensar

“Las personas demandan libertad de expresión como compensación a la libertad de pensamiento que usan raramente”, afirmó Soren Kierkegaard. Y esa frase es una síntesis perfecta de lo que hoy sucede en Argentina.

En forma casi patológica, el argentino tiende a delegar en otras personas la responsabilidad sobre aspectos cruciales de su vida. La salud, la educación, el trabajo, el bienestar o la seguridad, no son temas sobre los que se responsabilice individualmente. Por el contrario, prefiere confiar a terceros la tarea de brindarle esos “servicios”.
Cuando los dirigentes toman realmente en serio su misión de educar, curar, dar trabajo, brindar seguridad y hasta de intentar asegurar el futuro de todos luego de la vida productiva, desligando así a las personas de responsabilidades, es cuando la sociedad comienza su tránsito hacia el precipicio. Ese precipicio que en Argentina actualmente bordeamos.
Periódicamente, en el país se produce este proceso social de intensificación de la “irresponsabilización”. El ciclo comienza con la auto-absolución del “pueblo”, culpándose como causantes de los males de la sociedad a fantasmas como la “oligarquía”, “el imperio”, “los noventa”, “el comunismo”, “el kirchnerismo”, “los medios”, entre otros chivos expiatorios que pueden tener influencia real o no, pero que de ninguna manera constituyen el origen profundo del fracaso repetido. Esto tiene como consecuencia la expiación del verdadero culpable: el individuo que en el contexto de las relaciones sociales es incapaz de ganarse su propia de vida en base a su propio esfuerzo. Esta incapacidad personal extendida se expresa en una cultura de la envidia, del fracaso, de la pobreza y del resentimiento que, por supuesto, impide conformar una sociedad con intereses verdaderamente compartidos.
Creyendo firmemente que nada puede hacer contra las “fuerzas superiores” (y en gran medida inexistentes) que dominan su vida, el individuo se “auto-desresponsabiliza” de la participación activa en las etapas de planificación y ejecución de las tareas necesarias para controlar aspectos esenciales de su vida. De esta forma se quita el peso de la actividad ciudadana, es decir, de su contribución personal en la “cosa pública” o, mejor dicho, de la construcción común.
Así, el individuo genérico vive despreocupado de su contexto social, sabiendo que otros “producen” lo importante mientras él sólo se dedica a vivir su vida. Y, en estos términos, “vivir su vida” no es más que consumirla, es decir, vivirla en base a “productos y servicios” diseñados por otros. Se trata del triunfo del “facilismo” que implica la delegación (y con el tiempo la atrofia) del pensamiento creativo y constructivo.
En esta sociedad de “irresponsabilidad individual”, la tarea del dirigente es ingrata, ya que siempre encontrará críticos para sus actuaciones. Sucede así porque el mayor caudal del pensamiento social se canaliza hacia la crítica y la negación, y no a la construcción y la afirmación. De hecho, hasta el mismo dirigente es producto primordial de la crítica: su poder y su legitimación se origina en la abominación pública de lo anterior, presentado como un error histórico y una imposición por parte de los fantasmas externos antes mencionados.
Sin embargo, una vez en el poder, el dirigente debe necesariamente salir del mundo de la retórica, para construir algo concreto. El gran problema es que el estilo en que el líder intenta llevar adelante los asuntos públicos parte, como no puede ser de otra forma, de una preferencias personales que sólo coinciden con los de una minoría. Y es ahí cuando debe comenzar convivir él mismo con la crítica.
Al principio, cuando las voces disidentes son limitadas (sea por falta de calidad o cantidad), el mandamás estatal puede convivir con ella fácilmente, continuando con su labor. Pero si la crítica alcanza niveles más elevados, un líder decidido y creyente del aura mesiánica que los individuos le otorgaron a fin de proveerles de lo necesario para vivir sin pensar, hará todo lo posible para acallar esas voces que podrían llegar a poner en riesgo su misión.
Cabe aclarar que una característica de esa crítica creciente es que no aporta alternativa. Se limita a oponerse a la construcción, pero no ofrece ideas realmente superadoras. Es una crítica de las formas, pero no del contenido “irresponsabilizante”.
Mientras la lucha de intereses entre el poder establecido y los aspirantes críticos tiene lugar, la mayoría observa pasivamente, esperando el resultado que decidirá su vida. Después de todo, desde ambas facciones el individuo genérico, que cumple la función de espectador inerte, es consentido: “no es tu culpa, no es tu responsabilidad”, machacan en cada uno de los discursos. Y el individuo lo cree. Piensa que su vida no es su obra sino la de otros, y que así debe ser. Piensa que su hoy no tiene nada que ver con sus acciones de ayer. Piensa que piensa, pero sólo se aferra a una solución mágica que nunca llegará.
Este proceso social, que afecta a Argentina, es una patología que Pascal Bruckner llama “infantilismo”, que en definitiva significa arrojarse compulsivamente en los brazos de la falsa promesa de seguridad y de felicidad instantánea del paternalismo político, relegando la libertad individual verdadera y el protagonismo sobre la propia existencia.
Se construye de esta forma una sociedad de personas que opinan sin cesar sobre lo que hicieron y hacen otros, pero que no quieren pensar en como hacer sus propias vidas por sus propios medios.
La cura a esta enfermedad no vendrá (¡No puede venir!) de líderes o grupos iluminados, sin importar su ideología, sino de individuos comunes y corrientes que tomen sus vidas y las moldeen de acuerdo a sus verdaderos deseos y por su propio esfuerzo. El progreso social será producto de las pequeñas historias, de miles de personas que tomen la decisión de ser ciudadanos, constructores y protagonistas de la vida.
Mientras Argentina continúe siendo una sociedad de personas que reclaman derechos pero que no se atreven a pensar por sí mismas, de adultos con espíritu infantil que dependen de otros para satisfacer sus necesidades, el fracaso seguirá siendo el resultado. Y la pobreza material y espiritual el escenario inevitable.

10 comentarios »

  1. avatar MÓNICA ADRIANA ROSANONo Gravatar Says:

    EN parte comparto lo de nuestra cultura de poner afuera todo y no hacernos cargo. Pero el cambio en las sociedades no puede nunca ser individual. Un político o una gestión puede construir un relato y convencer a esa sociedad que lo emprenda.
    Un ejemplo del siglo XX Roosvelt y el New Deal. Los norteamericanos confiaron y se engrandecieron

  2. avatar Martin - Destructor de Mitos Says:

    Adriana, yo tengo una visión diferente sobre EEUU. Me da la impresión que fue justamente Roosevelt y el New Deal quienes dieron pie al “EEUU violento” que conocimos luego de la segunda guerra mundial. Es cierto, se engrandecieron, pero no es el tipo de engrandecimiento que causa orgullo (como si lo había sido el que tuvieron previamente).
    Saludos!

  3. avatar Vagabundo en la redNo Gravatar Says:

    Totalmente de acuerdo. Además no se “engrandecieron”: se ENRIQUECIERON. Y lo hicieron como beneficiarios de la guerra.

  4. avatar GregNo Gravatar Says:

    Esta cultura que impera que es la que ensalza los valores colectivistas, y se deja de lado la responsabilidad individual a cambio de los supuestos “derechos positivos” y esto se da por que la gente, en general, reconoce que es mucho mas facil atribuirle a tercero la responsabilidad de sus fracasos, falencias, y equivocaciones porque saben que de depender de uno mismo, probablemente todos estarian mejor, pero sin dudas es un camino que requiere pensar, tomar decisiones, y por eso es mas complicado.

  5. avatar Vagabundo en la red (el lobo estepario)No Gravatar Says:

    Estimado Destructor (formularé aquí esta pregunta porque no sé de otro sitio al que dirigirme). He leído un debate en el que usted participó, concretamente en la web Mundoperverso, y se me calentó la sangre siendo testigo de la suficiencia totalitaria de los chavistas. Aunque tengo conocidos y amigos chavistas, entre ellos el yerno del Ogro, no soporto la demagogia patriotera, y la verdad es que deseo entrar allí a meter baza, porque sé que los destripo en un abrir y cerrar de ojos. Lo que quiero saber, y he aquí la pregunta, es: para opinar en ese espacio, ¿hace falta pasar por el filtro de la censura? No quiero perder el tiempo para que me silencien, por mucho que a mí también me escueza ese rebuzno de “patria, socialismo o muerte”.

    Salud y acracia.

  6. avatar Martin - Destructor de Mitos Says:

    Vagabundo, por lo menos a mí no me censuraron nunca.

    A ese blog entro a divertirme un rato cada tanto, je. Igualmente te recomiendo que no pierdas tiempo con algunos, que tienen el cerebro limado. Los vas a identificar enseguida.

    Saludos!

  7. avatar LauraNo Gravatar Says:

    Qué cosa esto de la subjetividad, eh.
    Yo también he leido algunas discusiones en ese blog (que me parece excelente, tanto por el autor como por la calidad de algunos comentaristas) en las que participó nuestro amigo Martín, y mi impresión es bastante diferente a la de vagabundo.

    Vagabundo, en ese blog, salvo raras y puntuales excepciones, no se censura y menos por manifestaciones ideológicas, al contrario, se alienta el debate profundo y respetuoso (y esto Martín vos lo sabés).
    Bueno, espero leerte por allá, y más espero leer algunas respuestas (otras, seguramente me molesten hasta a mí que sí comulgo con el chavismo porque soy de naturaleza totalitara… ay, ay, ay).

  8. avatar Vagabundo en la red (el lobo estepario)No Gravatar Says:

    Laura, con el permiso de Martín, me permito responderte: tengo amigos chavistas, y comprendo la necesidad de un cambio en países como Venezuela (que visité hace una década) donde el racismo y el sedimento profundamente arraigado de una sociedad oligárquica y clasista ha venido imposibilitando la construcción de un futuro digno para todos.

    También de rechazo de plano, que lo sepas, el Estado que se lava las manos de sus competencias y obligaciones y cuyas élites impulsan una política neoliberal (incluso la antaño liberal) marginando a numerosas capas sociales: dicho Estado me parece una contradicción en sí mismo, puesto que si se declara a la Hacienda Pública, si se pagan tributos, lo menos que puede exigírsele al Estado es precisamente la salvaguarda del bienestar social (en todos los ámbitos, en cada rincón).

    Ahora bien, el lema “patria, socialismo o muerte” es un indicio de totalitarismo, totalitarismo que se ha ido manifestando en muchas de las decisiones del gobierno chavista, por más que la oposición esté nutrida de filofascistas. Podría debatir contigo sobre el socialismo real, que vosotros llamáis utópico, hasta el punto de hacerte ver (y de esto no me cabe duda) que los movimientos populistas de la izquierda latinoamericana son básicamente “socialfascistas”, y no “socialistas”.

    También puedo negarte, razonando, por supuesto, el valor del término “patriotismo”, que no es más que una abstracción, un fantasma que usan los hombres de poder en su propio beneficio, sean capitalistas, comunistas, socialistas, etc.

    Por último, como, personalmente, creo en la Santa Trinidad de YO-YO-YO, me opondría siempre por principio a toda norma o directriz gubernamental que me impusiese la muerte como alternativa al cumplimiento de su décalogo político.

    Salud y anarquía.

  9. avatar RoarkNo Gravatar Says:

    Lobo
    ¿Sabes el chiste ese cubano?
    Dice Fidel: “Socialismo o muerte”
    Y le responde otro: “¿Pero no es lo mismo?”

    Y otro:
    Un disidente ante el pelotón de fusiliamiento.
    Le dice el jefe del pelotón: “¡Compañero! ¿quieres decir tus últimas palabras?”
    Y el disidente: “Si: ¡me cago en Fidel!”.
    Y el jefe del pelotón: “Compañero. Te estás buscando un problema”.

  10. avatar Nelson de UrquizaNo Gravatar Says:

    Los dinosaurios del mas tenebroso pasado que sufrio nuestro pais quieren volver. De la manera cobarde que siempre los caracterizo, amenazando e insultando a una mujer valiente que ni piensa en aflojar. Los mismos cagones que se rindieron en Malvinas y se arrodillaron con los ingleses, pero que sí eran buenos para secuestrar, torturar, sustraer identidad de bebes, arrojar prisioneros vivos al mar… Como el cobarde de Astiz, a quien todos ustedes (de tan liberales que son) reivindican, y que asesino dos pobres monjitas, y antes mando al muere a los pibes de la guerra y se rindio sin tirar un solo tiro… a ese miserable reivindican ustedes. Como a Evita, ahora llaman yegua a la Presidenta… Nuestra presidenta Cristina es la yegua madrina, la mas buena e inteligente, nos guia a toda la tropilla de caballos chucaros y salvajes de todos los pelos imaginables: tobianos, bayos, ruanos, manchados, sainos, alazanes, oscuros, doradillos, rosillos, colorados, tostados, tobianos, malacaras, blancos.
    Al sonar del cencerro todos encolumnados la seguiremos por las pampas argentinas y les pisotearemos ese yuyo maldito de la soja para recuperar los cinco millones de redes vacunas para que paren terneros y alimentar nuestro pueblo, y tambien recuperar los seis mil campos tamberos para darles la leche a millones de ninos pobres para recuperar una generacion de pueblo fuerte y con mucha materia gris como lo queria nuestra companera evita
    viva la presidente cristina y a tocar todas las campanas y cencerros, que la patria esta en peligro. viva peron viva evita.

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