Censuramos la censura

Los derechos de autor (impuestos por el estado)  y la libertad de expresión (buscada por los individuos) no se llevan bien. 

¿Una prueba? Esto que le hicieron a Diego F. de Mundo Perverso

¿Para cuando más competencia para el Grupo Clarín? ¿No es hora de eliminar todas las leyes, reglamentaciones y trabas burocráticas que hoy imposibilitan la real libertad en el mercado de los medios de comunicación?

13 comentarios »

  1. avatar Anónimo Says:

    Comparto plenamente el repudio a la censura, Martín!!

    Igual, me parece que habría que distinguir entre imposición y garantía. El Estado no es el que impone, en todo caso, es el que resguarda o garantiza (reproduce). El que impone -valiéndose del instrumento Estado- es el grupo social que, en un momento dado, logra hacer valer su mayor fuerza relativa y cristalizar sus intereses en una legislación que rija determinadas prácticas sociales.

    Si fuera tal como decís, no sólo sería fútil reclamar un cambio en la legislación (o que sea legislada una acción determinada), sino que probablemente tampoco existiría un lugar como éste (o Mundo Perverso o los muchísimos blogs que leemos a diario) para que individuos-ciudadanos se expresen públicamente.

    Te pregunto: sin leyes que regulen, no te parece que se impondría la ley del más fuerte?
    Te recuerdo que la ley de Radiodifusión que nos rige fue sancionada de facto por un gobierno ilegítimo, con la complicidad de aquellos mismos medios que hoy son cuestionados por monopólicos y por ejercer la censura. De hecho, el mismo clarinete devino monopolio, entre otras cosas, gracias a su connivencia con el gobierno militar (y el no haber sido cuestionado por ningún gobierno de turno, incluido el actual).

    Saludos.

  2. avatar perezNo Gravatar Says:

    El que escribió antes fui yo…

  3. avatar LOLANo Gravatar Says:

    Y UNA VEZ QUE TERMINES DE LLORAR QUE PIENSAS HACER?

    LOLA CIENFUEGOS

  4. avatar Martín - Destructor de Mitos Says:

    perez, lo que creo es que las leyes que regulan son, justamente, las leyes del más fuerte. Cuando las leyes cambian es porque cambia la relación de fuerzas.

    La ley de radiodifusión actual, que como bien decís fue sancionada por el gobierno de facto, y aún sigue vigente… porque los poderosos a los que esa ley beneficia son más o menos lo mismos.

    Saludos!

  5. avatar perezNo Gravatar Says:

    Estoy de acuerdo con vos en esto que escribís, Martín.

    Pero creo que eso no invalida la necesidad de la ley -entendida como marco regulatorio para la acción-, sino que daría cuenta que desde el ‘76, la estructuración de las relaciones de fuerzas en determinadas áreas no cambiaron mucho: por lo menos hasta ahora.
    De hecho, creo que para comprender las disputas actuales hay que dar cuenta de los intereses que están poniéndose en juego en torno a la modificación de la legislación:
    presión de grupos económicos que conforman un oligopolio en torno a la propiedad de medios de comunicación para evitar la desconcentración del poder; presión internacional (EEUU, Japón, ¿y otro?) por la adopción-imposición de una norma para la nueva tecnología digital; presión social -ONG’s, cooperativas sociales, blogs personales varios, etc.- para la apertura (o su cierre) del juego en materia comunicacional; intereses de otras empresas relacionadas con la comunicación -las telefónicas, por ejemplo- para ingresar en el juego; el interés particular del gobierno de turno para seguir reproduciendo su liderazgo, que implica apoyar la opción que mejor los posicione; acuerdos de la oposición con grupos de interés vigentes para ganar espacio en medios de comunicación; etc.

    Así como la ley implica la estructuración del interés del grupo de poder más fuerte -en términos relativos, en un momento dado-, la existencia misma de la ley también implica límites a ese mismo poder.
    En tanto vivamos en una democracia con un estado de derecho, no es posible (teóricamente) implementar cualquier ley. Toda legislación tiene que estar enmarcada dentro del sistema constitucional propio, y existen instancias institucionales -control constitucional, elecciones, amparos-, y sociales -garantía constitucional para reclamar ante las autoridades-, entendidas como dispersión o multiplicación del poder, que imposibilitan hacer cualquier cosa.

    Podrías decir (con razón) que muchas de estas cuestiones no funcionan en nuestro país, pero también es importante tener en cuenta que no hay garantía sin participación ( de clase, popular y/o ciudadana): ya sea a través de las instituciones, ya sea a través de manifestaciones, paros, y demás formas de expresión de poder. Al igual que con la legislación, la vigencia de las garantías mencionadas depende de la correlación de fuerzas (incluye políticas de educación ciudadana, incluye información sobre políticas de gobierno, incluye pluralidad de opiniones, etc., como otras tantas manifestaciones de la dispersión o no del poder).

    En definitiva, la libertad de expresión (tema del post), así como cualquier otra expresión de la libertad, supone la garantía y la extensión de la igualdad, entendida en términos políticos, y que es (o sería deseable que sea) propio de los regímenes democráticos. Pero a su vez, esa garantía (de la igualdad política que es garantía de las libertades individuales y políticas) sólo puede ser efectiva haciéndola valer a través de relaciones de fuerza. No sirve de nada invocar derechos universales o constitucionales, en tanto garantía jurídica que “debería ser puesta en acto por los representantes”. Eso sólo beneficia al que hoy tiene el poder (relativo).

    Saludos.

  6. avatar Destructor de MitosNo Gravatar Says:

    perez, claro, coincido en que la libertad de expresión sólo es posible en un marco de igualdad… Pero eso es algo imposible de lograr en el marco institucional actual, que aleja las decisiones de los “decididos”. Por más paros, marchas y peticiones que estos lleven adelante.

    Podrán redactar la mejor ley de radiodifusión del mundo, pero la realidad se la llevará puesta. No es la ley de difusión la que genera disparidades, sino la mismísima configuración política que implica la existencia de dominadores y dominados (y cuyo corazón, obviamente, es el estado-nación gigantesco).

    Saludos!

  7. avatar perezNo Gravatar Says:

    Es cierto, Martin, la realidad es que hay dominadores y dominados. No te lo discuto.
    Entonces?

    Pregunto, teniendo en cuenta la misma variable que vos invocas: la realidad (y yo comparto), entonces que?
    Digo, ademas de denunciar, que?
    (perdon la falta de acentos, estoy en una PC que no los tiene)

    Saludos.

  8. avatar Martín - Destructor de Mitos Says:

    perez, a lo que voy es que los cambios realmente positivos y sustentables dificilmente puedan canalizarse en la configuración institucional vigente. Hay que generar alternativas, que sólo vendrán de la mano de una revolución (no necesariamente violenta).

    En mi caso, creo que esa revolución será la revalorización del espacio comunitario-individual. Con esto me refiero al espacio en el que cada persona tiene presencia e influencia directa, sin intermediarios. Claro, eso exigirá en primer lugar, desterrar todo atisbo “nacionalista” (algo que parece muy lejano hoy en día).

    Saludos!

  9. avatar perezNo Gravatar Says:

    Qué clase de alternativas, Martín? Lo pregunto con verdadero interés.

    Desde mi perspectiva, coincido que hacen falta cambios revolucionarios. Pero también entiendo que el cambio revolucionario más positivo fue el que propuso el comandante Marcos en Chiapas, después que dejó las armas. La consigna era “un mundo en el que quepan todos los mundos”. El problema es que, pese a que cobró relevancia internacional, no tuvo mucho éxito, más allá de los grupos indígenas que fueron desde un principio parte del movimiento. Nadie quiere cambios revolucionarios. No necesariamente porque rechacen lo bueno por venir, sino porque temen (todos tememos) en última instancia, perder los privilegios adquiridos. Queremos revolución, sólo si la hacemos nosotros de acuerdo a nuestros ideales. Sin considerar, claro, que por más crítica que podamos hacer, tenemos el orden vigente internalizado; es parte de la constitución de nuestro ser: si éste no supone un obstáculo que te ponga en el límite de la vida o la muerte, nadie va a desear una revolución.

    Hablar de cambio revolucionario (y yo mismo lo hago) siempre es peligroso, ya que supone que lo que hay, unos estiman (estimamos) que está mal, y que hay otra “verdad” o forma de hacer las cosas que es (unos pocos creemos que es) mejor para todos. El punto es que siempre se corre el riesgo de cambiar un sistema de dominación por otro, ya que implica que aquellos cuya voz es callada (y que son los que originan las revoluciones), callan a todas las voces que quieren seguir reproduciendo un orden determinado, y a aquellos que querrían otro diferente al que se propone.
    Por otro lado, hablar de revolución no es realista. Hablar de dejar de considerar a la nación como símbolo de cohesión, no es realista. Hablar de cambios dramáticos no es realista, sobre todo cuando no hay ningún paradigma fuerte que se oponga al vigente. No digo que no se pueda pensar, tampoco que no se pueda desear, menos aún que no se pueda comenzar a construir a mediano o largo plazo…
    Pero yo te preguntaba qué, entonces, de acuerdo al orden vigente, desde las posibilidades vigentes. Sino, nos quedamos hablando de resolver los problemas cuando todas las condiciones sean las adecuadas. Pero los problemas -pérdida de libertades, aumento de la desigualdad, pobreza, desnutrición, muerte por enfermedades prevenibles, etc.- siguen pasando día a día.

    El orden vigente no es el ideal. Dista muchísimo. Pero el que tiene problemas hoy, no puede esperar a un futuro que probablemente no exista. Nosotros podemos hablar de mañana, porque hoy tenemos techo, comida, y una prepaga. ¿Qué más tienen que esperar los que carecen de alguno o todas estas cosas?

    Vuelvo a preguntar: dadas la situación actual, contemporánea, real (con dominación, con orden institucional que reproduce las desigualdades, etc.); ¿entonces qué?

    Saludos.

  10. avatar Martín - Destructor de Mitos Says:

    perez, he ahí el problema: las alternativas implican ir hacia lo inexplorado (o poco explorado), hacia la incertidumbre. No creo que los “sistemas” sociales puedan ser planificados, ni siquiera proyectados.

    Das en el clavo cuando decís que “Nadie quiere cambios revolucionarios”. En realidad, no es que nadie quiera esos cambios, sino que no sabe cuales serán sus consecuencias. Es la duda sobre futuro lo que mata la acción en el hoy.

    Las revoluciones no son realistas: las que van en serio apuntan a la raíz misma del orden establecido y buscan una “utopía” (que al ser un ideal es, en principio, irreal). Las que no hacen eso, las que sólo quieren “ajustes”, siempre terminan domesticándose y se incorporan a lo instituido, reforzando aquello que en un principio parecían contraponer. Ejemplos sobre esto hay cientos.

    Y si, el que tiene problemas hoy no puede esperar a mañana. Pero tampoco puede esperar a que otros quieran o puedan solucionar el problema por él. Los excluidos viven en la permanente tensión entre sobrevivir en el hoy (que les exige un tremendo esfuerzo) y cambiar por si mismos las condiciones del futuro para dejar de ser excluidos, algo para lo que dificilmente les quede resto, pero que resulta imprescindible para terminar con la reproducción constante del ciclo.

    ¿Entonces qué? Como dije al principio: no lo sé. Sólo sé que esto que hoy existe no funciona (décadas enteras de crecimiento de la pobreza son una prueba, pero no la única). Intuyo que se hace necesario una acción solidaria/comunitaria, pero con base real. Con esto quiero decir que el estado-nación monopolizante (que fue el motor central de la decadencia social de los últimos tiempos, acompañado por supuesto por cómplices “privados”) no puede ser el canal de esta solidaridad a la que me refiero. Si esto sucediera, lo único que se lograría es la profundización de las relaciones de dominación hoy existentes.

    Saludos!

  11. avatar perezNo Gravatar Says:

    Martín, hay experiencias ya en funcionamiento de esto que decís preferir, y que se parece bastante a mi postura -aunque varía en el acento que puede llegar a poner cada uno en la categoría individuo-.

    Muchos barrios en el conurbano bonaerence están funcionando desde esa lógica. Algo te comenté: gente que cobra planes trabajar y que se vale de ellos para crear iniciativas de trabajo comunitarias, escuelas populares, y otras cuestiones. Desgraciadamente conozco menos de lo que me gustaría del tema, pero parece ser que la “revolución” viene por esos pagos. Y no es de extrañar…
    Nosotros estamos absolutamente alienados en esta sociedad individualista, consumista, productivista (ver citas en el siguiente mensaje). Ellos, por fuera -obligados, por haber sido expulsados del ’sistema’-, están creando sus propias experiencias colectivas, y sus propia subjetividad. Esa es una salida, para aquellos que pudieron organizarse.
    Habría que indagar -tampoco puedo profundizar sobre el asunto- si la experiencia de las fábricas recuperadas no está funcionando de forma similar. Hacia afuera, competencia de mercado, hacia adentro, experiencias colectivas (más o menos) solidarias.

    De todas formas, si bien concuerdo en mayor o menor medida con lo que escribiste anteriormente, creo que te quedás en la pura queja, que no sólo no cambia nada, sino que reproduce aquello que decís que está mal.
    No va a desaparecer el Estado-nación porque lo desees, y excepto que estés efectivamente militando y actuando una forma de experiencia colectiva diferente, tu lamento se queda en eso, mientras muchos padecen –y nosotros no…
    Valerse del instrumento Estado, es cierto, no va a cambiar las relaciones de dominación. El Estado mismo, en tanto garante de las relaciones sociales capitalistas, reproduce la desigualdad (no necesariamente la despolitización). Valerse de ese instrumento para, cambiando la correlación de fuerzas, cambiar la forma del capitalismo -de mercado libre a otra menos desigualitaria-, redistribuir, crear instancias de participación política, etc., puede ayudar resolver hoy algunos problemas inmediatos de muchos.
    No te olvides que el período del Estado de bienestar keynesiano (a lo argentino-peronista), supuso una distribución de la renta de +/- 50-50 para el trabajo y el capital, considerando que era un capitalismo mercadointernista –y por ello incluyente, ya que había que aumentar el consumo interno-. Lejos estaba de ser la panacea, y no terminaba con la dominación, pero los beneficiarios de ese sistema eran muchos, y los que quedaban fuera –desocupación temporal, no estructural como ahora-, tenían contención social: clubes de barrio, sindicatos, instituciones estatales, y otras redes de contención.

    Por último, conocés alguna sociedad más o menos moderna en la historia, que pueda decirse que no haya implicado relaciones de dominación?

    Saludos.

  12. avatar perezNo Gravatar Says:

    Copio dos citas de Erich From que salieron ayer en Página 12, en una nota sobre su derrotero intelectual, absolutamente vigentes…

    “¿Qué tipo de hombre, pues, requiere nuestra sociedad para poder funcionar bien, sin roces? Necesita hombres con los que se pueda cooperar fácilmente en grupos grandes, que quieran consumir cada vez más y que tengan gustos normalizados, fáciles de prever e influir. Necesita hombres que se crean libres e independientes, no sometidos a ninguna autoridad, ni principio, ni moral, pero que estén dispuestos a recibir órdenes, que hagan lo que se espera de ellos y que encajen sin estridencias en la maquinaria social; hombres gobernables sin el empleo de la fuerza, obedientes sin jefes y empujados sin más meta que la de seguir en marcha, funcionar, continuar” (“Problemas psicológicos del hombre en la sociedad moderna”, conferencia de 1964, en El humanismo como utopía posible, póstumo, ed. Paidós).

    “En esta nueva sociedad de la segunda revolución industrial, el individuo desaparece. Queda completamente enajenado. Está programado por los principios de la máxima producción, el máximo consumo y el mínimo roce. Y trata de aliviar su aburrimiento con toda clase de consumo, comprendido el consumo de sexualidad y estupefacientes. Y de esto se servirá la tentativa de dar un buen funcionamiento al hombre como parte de la megamáquina, junto con la posibilidad de utilizar la neurología y la fisiología para hacerle cambiar de sentimientos, además de manipular su pensamiento mediante las técnicas de sugestión.” (“La búsqueda de la alternativa humanista”, en El humanismo como utopía posible).

    http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-125679-2009-05-28.html

  13. avatar Martín - Destructor de Mitos Says:

    Claro, pero producen emprendimientos en base a la lógica previa. Lo que se hace es incorporarse personas al grupo de “incluidos”, pero sin cambiar el fondo de la cuestión. Unos entran, otros salen. Es una suerte de “manta corta”: tapás algo, destapás otra cosa. Sus ideas no son de mi agrado personal, pero la otra vez lo escuchaba a Pino Solanas decir que el 20% de la población argentina sobra. Y tiene razón, aunque seguramente no coincidimos en el por qué, jeje.

    El peronismo es la etapa histórica que justamente va hacia donde apunto: se pueden dar alivios pasajeros a los “males sociales”, pero sin modificar la cuestión estructural (que para mi es el mega-estado-nación) eso dura un tiempo corto (1 década, lo que duró el peronismo, es bastante poco para una sociedad).

    Claro, lo mio es queja porque sospecho que es lo que anda mal, pero no tengo idea con que reemplazarlo en forma concreta. Sólo hago tanteos “intelectuales” (muy entre comillas eso de intelectual).

    Sobre lo que anda mal, justamente coincido con Fromm: “En esta nueva sociedad de la segunda revolución industrial, el individuo desaparece.”. Aunque yo hubiera enfatizado que esa “nueva sociedad” se sostiene sobre una maquinaria estatal en constante expansión y centralización. Ergo, cambiar la sociedad implicar eso.

    Saludos!

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